La entrada del cementerio, de hecho su imagen más solemne y presentable.
He estado pachucho unos días, pero no quería perderme por nada del mundo una salida por el Poble Nou organizada por la Societat Catalana de Geografia a la que hemos acudido esta mañana. Ya puestos en harina, he comprobado que en estas circunstancias la excitación por descubrir cosas nuevas de la ciudad debe provocar que mi cerebro segregue alguna substancia dirigida al cuerpo que, sacando del mismo fuerzas de flaqueza (una frase que Marchamalo recordaba era frecuente
antiguamente), al final del recorrido pida aún más, pues ahí estaba aún buscando por dónde podía atisbarse el interior de un viejo complejo industrial que estaba cerrado.
La salida la guiaba una franco-suiza, Claire Court, cuya tesis de licenciatura al parecer cuestiona procesos de cambio del barrio organizados en contra de la voluntad de su población, por lo que era de esperar que se concentrase en esos aspectos y en desarrollos actuales que, forzosamente, afectaban sobre todo al entorno circundante más que al centro del barrio.
Hemos ido a parar a eso, visitando algún resto industrial ya de un extremo, pero se ha empezado por lo más clásico. Seguiré en varias entradas el trayecto con las fotos que he ido obteniendo según el orden de visita, por lo que empezaré por lo ya conocido y que creo haber sacado incluso aquí años antes.
Hoy un poco del Cementerio del Poble Nou. Claire se ha circunscrito a dos tumbas: la del popular Santet (que va sacando más y más superficie del cementerio y supongo que de ello intentarán obtener algún recurso económico) y esa otra tumba de la zona más monumental, con esa estatua que representa tan crudamente el beso de la muerte.
En un momento, no obstante, me he escapado para echar una ojeada a dos de las más representativas tumbas gitanas. Me ha parecido, con respecto a la ocasión anterior, que el Ayuntamiento les había cortado un poco las alas, obligándoles a reducir un poco su exhuberancia decorativa.

Para llegar a las partes de visita mas interesante tienes que cruzar -imposible de forma directa- la zona más moderna del cementerio, compuesta de estos nichos tan uniformizados (en esta ocasión he visto que en otra zona se ha normalizado hasta el receptáculo para sostener las flores). Siempre me ha chocado esta proximidad y similitud entre los edificios para albergar los muertos y los vivos.
Parte de la instalación de la tumba del Santet, antología del kitsch, en dura competencia con la decoración, muy característica, de las tumbas gitanas.
Este “de tu hija” arrastrado por el suelo me ha llegado un poco al alma.
El beso de la muerte no ceja.
Muy cerca de la tumba y performance de El Santet, he descubierto este nicho, situado en lo más alto, que parece producto de un desatado amor gay.
Una de las tumbas de familias gitanas. Lamento ahora no haber sacado la fotografía que incluye de un enterrado ahí bastante joven, pitillo en la comisura de los labios.
Otra de las tumbas gitanas más significativas, aunque, como digo, me da la sensación de que han debido reducir ese saturado amasijo de flores de colores llamativos.
Ese elemento triangular (repetido en el otro lado) de la fachada principal (y única entrada) del cementerio debe hablar de orígenes masones de sus constructores, ¿no?