Es increíble el giro radical que ha dado la Riera de Sant Miquel. La riera era en realidad un río caudaloso, pero de coches, que veían en ella el atajo perfecto para subir desde el Cinc d’Oros a la Gala Placidia, y ahora se ha convertido en medio peatonal. Curiosamente era en la parte más ennegrecida e irrespirable por los tubos de escape donde había dos sitios para cenar: a uno, muy austero, se iba a por una fondue de queso; el segundo, multitudinario, era una especie de antecesor del Egipto de plaza Garduña. Ahora que se puede caminar en ese tramo por el centro de la calzada, sin coches, no hay ni uno...
En la parte más cercana a la Diagonal, la de la foto, siempre me han llamado la atención (ademas del callejón donde hace la tira de años se exponían las carteleras de cartón de un desaparecido cine cercano) los balcones de ese edificio, que se alargan desde su fachada posterior hasta medio alinearse con otros edificios, esos sí con todas las de la ley, de la calle. Me parece haber visto algo similar por algún chaflán de la ciudad, pero no se me dirá que no son piezas bien extrañas...

No hay comentarios:
Publicar un comentario