Pasando por el Eixample, por Consell de Cent, creo, una portería que no suele estar abierta, con buena iluminación.
martes, 28 de noviembre de 2017
lunes, 27 de noviembre de 2017
lunes, 20 de noviembre de 2017
Arpí
Los anuncios de cámaras de Arpí, la gran tienda de fotografía de las Ramblas, aún se distinguen en la fachada del edificio, mientras nuevas realidades ya ocupan e intentan exprimir sus espacios.
viernes, 17 de noviembre de 2017
L'Alternativa
El hall del CCCB, con su pantalla abierta de L'Alternativa, presenta estos días, en algún que otro momento, un aspecto de sereno jardín oriental.
miércoles, 15 de noviembre de 2017
Estación de Provenza
Por las obras de la estación de Provença (un proyecto que estaba hecho desde hace mucho tiempo, sin que se ejecutase por su elevado coste) de los Ferrocatas.
domingo, 12 de noviembre de 2017
Torrent de l'Olla
Persiana del Torrent de l'Olla. Una de tantas pintadas por grafiteros... a petición de los dueños del negocio.
Tienda
Ahora se oyen perchas que se sacan y vuelven a colocar en su sitio, porque una clienta ha querido ver de cerca uno u otro vestido. Eso cuando acaba la canción sabrosona que domina el ambiente, haciendo mover sus piernas en un rincón a ese que ha acompañado a su mujer y vigila a su hijo durmiendo en el cochecito.
Antes eran otro tipo de sonidos, pero el caso es que siguen existiendo.
miércoles, 8 de noviembre de 2017
La Pubilla
Dos puntos negativos habían hecho que aún no hubiera ido a probar su famoso menú de mediodía, ahora a 16 euros. Primero: que estaba siempre lleno, y era muy difícil encontrar sitio. Segundo: el comentario de que, pasado su enorme éxito inicial, había perdido un montón.
Pero el otro día hicimos el periódico encuentro de lo que -haciendo uso de la postverdad esa- llamamos la reunión de ex-alumnos y planificamos ir a comer a La Pubilla. Teníamos reserva. Avisaron que era a las 14.15h y que a las 15.15h debíamos estar fuera. Al llegar había un montón de gente en la entrada, junto a la barra de inicio. Pero en un instante nos prepararon nuestra mesa para cuatro en el enano comedor y nos fueron sirviendo a la velocidad del rayo. Tras cada plato el que estaba hablando recibía la presión del camarero para acabar, pues llegaba con el plato siguiente (el segundo, pero también el postre) preparado. Acabamos como diez minutos antes y, para satisfacción de los que estaban esperando el siguiente turno, fuimos a tomar el café a otro lado más tranquilo.
Dicho todos estos inconvenientes, a los que sumar el follón que preside el local, comí de fábula. Tanto el primero como el segundo y el postre que escogí de entre las respectivas tres opciones estaban delicioso. Me dio que los demás escogieron un poco peor, pero también salieron contentos.
Ciudad podrida
Pues ha resultado premonitoria la pintada -"Ciudad podrida"-. Por lo menos ha caído todo el interior de ese edificio como aquejado de algún mal, y sólo se ha mantenido en pie su fachada.
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