Este relieve de la fachada de la Casa del Barón de Quadres podría ser, bien mirado, un antecedente y alegoría de una forma bélica muy actual. Situémonos en la posición -¿cuál otra?- de ese pobre dragón, al que parece que sus alas no le sirven de mucho. Pues bien. Una vez ahí nos caerá desde el cielo -¿de dónde, si no?- el zarpazo de un acorazado e impersonal, por mucho que se identifique con venga escudos, Sant Jordi. Dos mundos irreconciliables, da la impresión, separados por un aire pétreo.
domingo, 10 de agosto de 2014
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