Los propietarios de la Casa Rocamora (c/ Ballester) hace mucho que se vendieron buena parte de su jardín, que daba a la calle Padua o, mejor, al enorme tajo de General Mitre. Luego convirtieron la casa del coleccionista Manuel Rocamora en un museo.
Mientras tanto, su vecina (yendo hacia República Argentina), la Casa Monegal, conservaba todo su jardín, que comprendía una pista de tenis en desuso que fue asilvestrándose, pero ya no vivía nadie en ella más que una familia en un anexo que debía haber sido pabellón de portería. Hace unos años se puso en venta (apareció en El Idealista), pero tardó en venderse. Ahora, después de espurgar a conciencia un frondoso bosque que poseía, están acabando de convertirla en un colegio.
En la calle Padua han remozado la valla de la pista de tenis y le han abierto un enorme óculo que dirías que te permite mirar dentro. No es así, porque pese al efecto causado desde lejos está muy alto, pero suerte que tengo una tableta y alzando las manos…




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