Recorrido esta mañana por la parte central de Horta, con como resultado una cierta sensación agridulce.
Nada más salir del metro, la Plaza Ibiza nos recibe con un aviso de lo que nos encontraremos. Un par de los edificios de planta y piso que conforman la plaza se han quedado (primera foto) en pura fachada y están siendo vaciados en conciencia por dentro para dar paso a otra cosa, un pedazo más de la falsedad futura.
Nos explican que la Plaza Ibiza no fue el centro de la vida de Horta hasta su integración en el municipio de Barcelona. Hasta entonces ejercía de plaza mayor la vecina Plaza de les Creus a donde fue a parar la réplica de la Fuente de Canaletes (segunda foto, frente a la antigua Casa Consistorial) que el Ayuntamiento de Barcelona regalaba a los antiguos municipios que se comía. No he hecho, pudorosamente, mas fotos de esta plaza. Los restos de una masía se han convertido en un restaurante que quiere ser típico, pero por el medio han surgido un par de edificios de pisos muy tristones, mientras por el otro lado está completamente destripada y no ofrece ni el menor abrigo que podría esperarse de una plaza.
Subiendo desde su extremo inferior, en lo que debía ser su desembocadura en la riera que recogía todas las aguas de la villa, en el Carrer d’Horta nos encontramos con una de las cuatro minas de agua que se conservan de las construidas hace más de un siglo. Ésta tiene una fuente en su parte inferior y, construida en su totalidad de ladrillo, una forma curiosa (tercera foto).
Me aparto un poco del Carrer d’Horta, que en este tramo se ve conducía aguas de no muy buena condición y tropezones nada agradables, con buena parte de lo despreciado en el matadero que había un poco más arriba, donde luego se situó la sede de esa gran institución financiera, la Caja de Pensiones para la Vejez y de Ahorros de Cataluña y Baleares, que dejó ahí un pestiño de los suyos, que quería quedar muy señor y no tenía nada que ver con el entorno donde se situaba. Como el matadero ya se había cerrado por entonces y en su lugar habían situado el campanario para dar las horas que no podían oírse desde la lejana iglesia de Horta de San Joan, compensaron la destrucción de lo que quedaba de su campanario colocando encima de su edificio uno de nueva planta que lo imitaba.
Algo de eso se verá en la segunda tanda de fotos que colgaré por aquí, pero decía que antes me aparté un poco del Carrer d’Horta y, aún con telones de fondo amenazantes, el Carrer de la Galla, que así he visto que se llama, presenta aún un cierto aspecto rural (fotos 4 y 5).
(Continuará)




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