Si no existiera el Arxiu Fotogràfic de Barcelona (AFB), habría que inventarlo. De forma muy discreta, sin grandes aspavientos, va cumpliendo con creces lo que puede pedirse a una institución de su tipo. Todo lo contrario de esas otras que te inundan de propaganda hagan lo que hagan.
El resultado de la experiencia: pues supongo que lo que la misma que tendrá cualquiera que haya vivido mínimamente la ciudad en los años en que Pol hizo para diferentes publicaciones las fotografías expuestas, de finales de los 60 a principios de los 80: imposible no sustraerse a su poder evocador.
Hemos ido con un amigo y todo ha sido irnos enseñando detalles de una u otra fotografía, reflexionar sobre los cambios de la ciudad, para bien (¡qué pobreza y sordidez tan común y expandida entonces!) y para mal (a ver si no podía haberse renovado sin haberle quitado la vida y autenticidad que en muchos casos demostraba, frente a la impostura superficial, la medianía que ahora predomina).
De regreso hemos pasado por delante del Moco, que aún no he visitado por darme la impresión de que, aunque pueda exhibir alguna obra buena, tiene una política basada en el sensacionalismo, en los nombres sonoros, y… por el precio brutal de sus entradas. Más que un museo lo creo una atracción. En contrapartida, el AFB va salvaguardando una cada vez mayor colección de fotografías y dando a conocer sus fondos mediante impecables investigaciones, colaborando al conocimiento de la historia de la ciudad. Y la entrada a sus exposiciones es totalmente gratuita…
Cine Atlántico, siempre apto. Recuerdo su estrecho pasillo de acceso y ahora me viene a la cabeza una estética como de cafetería de platos de venta automática estilo norteamericano moderno años 30.
¿Quien no recuerda los pajaritos del final de las Ramblas? Aunque también había un señor con bata gris y periquitos azules,¿no?
Supongo que se trata de una panorámica sacada desde Montgat, con la visión de esa costa repleta de fábricas muy antiguas. En la exposición hay bastantes fotos del estado lamentable de toda la orilla del Poble Nou, con los colectores de las alcantarillas reventados y desembocando directamente.
Gente del país en una terraza de la Plaza Real. Algo casi impensable hoy, rito habitual -tampoco es que fuera tan reconfortante- ayer
El primer destrozo gordo soñado de las Ramblas. Un clásico como él Canaletas se convirtió en hamburguesería, anunciando tiempos venideros…
El Nuria, casi único superviviente de las Ramblas… y de lo retratado en la exposición.
en la foto puede verse la intervención remodeladora de Antonio de Moragas, que suele pasar desapercibida, creyendo la gente que el Café de la Ópera se ha conservado desde siempre igual.
De tan visto, llegábamos a pasar por ahí ya sin fijarnos. Parecía una decoración consustancial y eterna, pero un día llegó a su fin.
Ahí al lado. ¿Qué se ganó con la expulsión de los Billares Monforte? Me los recorrí, haciendo fotos, poco antes de que tuviera lugar. Estaban amenazados, pero no se sabía cuándo iban a ejecutar la amenaza. Ahora todo el edificio, vacío y cerrado a cal y canto. La más antigua opera de la ciudad…
El Amaya… y su vecina, la Pensión Lolita.
A ver si no es enternecedor ese letrero de la Sastrería Kennedy, anunciando trajes desde 50 pesetas…
Llegada del Sevillano a la Estación de a Francia en el 1969. Parece un documental de Llorenç Soler.
Otra más, también de 1969. Por las vías.
Chicas de academia.
Un escribiente.
El parquet de la bolsa visto desde arriba. Otra imagen común hoy ya imposible.




















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