El otro día una alegría inicial se me trocó en tristeza. Vi en la calle Marina la entrada a otro de esos parques de interior de manzana que felizmente, con mayor o menor acierto, van trufando el Eixample y me dispuse a curiosearlo.
Dados los edificios que dan a ese interior de manzana, quienes lo proyectaron pusieron énfasis en un pavimento central llamativo, de vivos colores, y en colocar árboles cuyas ramas no dejaran ver demasiado las casas colindantes, no fuera a ser que transmitieran demasiado la idea de estar en el patio de una prisión. Hasta ahí, bien.
Como a todos estos minúsculos parques urbanos desde hace ya unos años, le han asignado un nombre de una mujer. En este caso, Anaïs Napoleón, de la saga de grandes fotógrafos franceses que abrieron estudio en Barcelona (todo el mundo habla del estudio Napoleón, que estaba situado en la parte baja de las Ramblas).
Para informar de ese pasado barcelonés, al tiempo que para amueblar un poco el impersonal tránsito desde la acera hasta el interior de la manzana, colocaron unos paneles luminosos con fotografías y textos explicativos. Los dos extremos del soporte central aparecen reventados. No sé si se ha tratado de un accidente, pero dado el gracioso carácter y buen hacer de mis paisanos, en seguida pensé -de ahí la tristeza- que alguien se había desahogado o había expresado así su poderío.




No hay comentarios:
Publicar un comentario