No son los puestos de feria durante una fiesta cualquiera. Son los puestos permanentes de la Rambla de los Estudios.
La reforma urbanística y de usos aprobada para Las Ramblas no mostraba la más mínima piedad con ellos. Es por ese motivo que del del fondo, dedicado a la venta de helados, cuelga un mensaje bien explicito: “¡No queremos desaparecer! ¡Queremos diálogo! ¡Queremos un acuerdo!
Pero basta con ver el contador que, delante del Liceu, va aumentando, imparable, los días que van pasando sin la prometida reforma: son ya más de 2.000. Y debe seguirse confiando en todas esos hermosos pensamientos, vertidos en hermosas frases que llenaron de algodón y gelatina nuestros oídos, durante lo más fuerte de la pandemia: que se había acabado el modelo económico consumista, la explotación del turismo masivo como monocultivo, bla, bla, bla.

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