Año 1851, si leo bien lo que pone en la celosía de la puerta, que no las tengo todas conmigo. Si se confirma, imagino que debe ser el edifico más antiguo de la calle Zaragoza.
Esta semana he sabido, gracias a Engitren, que el tranvía que pasaba por ahí, uniendo Barcelona con el Putxet, ya no reemprendió su servicio, como todos los de vía estrecha de la ciudad, en la postguerra.
Suprimido el tranvía, la calle -y especialmente ese tramo, entre Francolí y Padua, era el más comercial del barrio, con el estanco más antiguo de toda Barcelona, una panadería también histórica con un enorme mostrador de mármol desde cuyas alturas despachaban, una papelería-librería infantil muy activa, dos colmados -uno precioso y otro con trato mucho más amable-, un persianero que guardaba las alfombras en invierno, una gran droguería, una tienda de venta de “Plats i olles” al cargo de una señora muy cascarrabias, un colchonero y una bodega como locales más emblemáticos.
De todo ello no queda hoy en día más que la Bodega Josefa, más o menos enfrente de la casa de la foto.


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