La ciudad está llena de huellas del pasado. El otro día, pasando por la calle de Diputación, detrás de la Universidad, me encontré -me dije- con una bien extraña.
-¡Qué forma más rara la de este nudo de árbol! - exclamé. (Primera imagen)
Miré el plátano vecino (segunda imagen) y lo achaqué a intervención -involuntaria, si se quiere- humana. Ahí habían estado instaladas -la última hasta hace no muchos años- las casetas de libros antiguos. Bien pudiera ser que el alero de una de ellas impidiera el crecimiento de un bulbo del tronco, o algo así.
Miré hacia el árbol vecino, a la distancia aproximada de lo que pudo ser en su día el final de la caseta, y a la misma altura tenía una muesca parecida, aunque más pequeña.
Claro que puedo estar metiendo el remo hasta lo más hondo y a lo mejor, siendo yo un lego total en botánica, se trata de una enfermedad reconocida de esta clase de árbol. Bienvenida sea, por mal que quede, la rectificación autorizada...
Hasta ahí había escrito sobre esta entrada, pero antes de publicarla he ido a mirar por internet si veía fotos que denunciasen mi acierto o metedura de pata. La imagen 3 podría poner en valor mi teoría. En ella se ve cómo un ángulo que sobresale del techo de una caseta supera la superficie que marca el alcorque y casi se da con un tronco, aunque ése en concreto no parece tener ninguna huella de ello. Pero la imagen 4 -y parece más reciente-, muestra otra o la misma caseta, que en esta ocasión dirías que está más alejada del tronco, al que no toca ni por asomo, y aparece ahí una incisión que bien podría ser la que he fotografiado (imagen 1).
Teoría y refutación en una misma entrada. Pero mentiría si no dijera que me quedo dudando.




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