Alguien preguntó si se habían salvado las piezas esas de mármol de la pensión Lolita, abajo de todo de las Ramblas. Esas que se caracterizaban por estar agujereadas por los tacones de las que esperaban algún cliente en el umbral.
Dije que sí, que el Amaya, después de una reforma, las había colgado en una pared de su entrada, pero se ve que volvieron a desaparecer.
Tuve un comportamiento bastante impresentable. Me acerqué tanto para hacer la fotografía a la puerta de vidrio que ésta se abrió. Pensé que sin el vidrio por el medio saldría mejor. Creo que llegué a poner un pie en el interior del local, por entonces vacío. Saqué la foto y me fui. Oí que, desde el fondo, un camarero me gritaba:
-¡Gracias!
-Hice un gesto con la mano, realmente avergonzado, pero sin pararme...

No hay comentarios:
Publicar un comentario