jueves, 25 de enero de 2018

La Mina

A la izquierda, la Mina vieja, con edificios de pocas plantas, entrecruzados, sólo abiertos los bloques con calles hacia Barcelona. A la derecha, las largas "butifarras" sin salida de bloques dobles, de muchos pisos: Ghettos.

Se dice que lo primero para revertir una penosa situación social en un barrio es actuar sobre sus elementos urbanísticos. Si se mejoran éstos, dice la norma, la paz social irá llegando por sí misma. Pues bien: En El Barrio de La Mina (es verdad que en parte por la presión de los inversores que buscaban la revalorización de su dinero en los planes para los terrenos más cercanos al mar) se ha invertido mucho (sin llegar a completar lo previsto) en ese extremo, pero la lacra sigue. Oculta bajo la Mina nueva permanece.
¿Qué es lo que corroe al barrio de La Mina por dentro y supone el fracaso social del Plan de La Mina? Todo el mundo lo sabe. Cuatro mafias, conocidas por todos los vecinos, dominan el negocio de la droga, que tienen ahí su principal centro de distribución. Si alguien está muy apurado lo tiene fácil y un novísimo tranvía -línea T5- a su servicio, que le puede llevar de La Mina a Sant Roc para buscar o encontrar lo que busca en uno u otro lado. Si todo el mundo lo sabe, la policía -y los Mossos tienen, por cierto, un gran cuartel en el barrio- también. ¿Por qué, entonces no actúan y no acaban con ello? Josep Maria Monferrer nos ofreció una posible respuesta: No pueden, o ya les va bien tener concentrado ahí el problema que, de otra manera, cómo pasó tras las actuaciones en Can Tunis, se iría a otro lado.
También es bueno conocer el origen del barrio de La Mina, que es muy reciente: 1969. Se construyó para acoger en él a las familias -muchas gitanas- que vivían en el cercano Camp de la Bota y otros poblados de barracas de toda Barcelona, como La Perona. De hecho, cada grupo fue a parar a un sitio del barrio, poco comunicado con los vecinos. Con el tiempo se ha ido haciendo con la voluntad de los vecinos "el culto", pero lo curioso es que eso no comporta una unificación: Cada comunidad tiene su propia iglesia evangelista.
En el periodo constructivo (hasta 1973) se crearon en realidad dos grandes barrios (La Mina vieja y la nueva), para albergar unas 90.000 personas en pisos de unos 60 metros cuadrados, con dos o tres habitaciones. Sin comercios, escuela, ni mercado. Sí se construyó un dispensario y una comisaría de policía. El número de habitantes que estudiaba una carrera de enseñanza era casi nulo. Alguno de ellos fueron empleados para la Macosa u otras empresas de la zona, pero el padre de familia medio era el típico que iba diariamente al mercado de jornaleros de la Plaza Urquinaona.
La Mina Vieja estaba -y en parte está- separada de la nueva. Formada por bloques de poca altura es un conjunto de ghettos encerrados sobre sí mismos. La Mina Nueva se hizo a base de enormes bloques en altura y -sobre todo- longitud. Ambas disponían de unas plazas interiores muy aisladas, de difícil comunicación.
Todo eso conducía a una evidente gran inseguridad en el barrio, que persiste en la actualidad. El plan de mejora de La Mina, iniciado en el 2000 como respuesta a las exigencias de los inversores inmobiliarios, ha intentado principalmente airear y mejorar la incomunicación, abriendo, incluso partiendo los grandes edificios de la Mina Nueva por varios sitios (hasta el momento sólo en uno) para dar paso a calles paralelas a la orilla del mar.
Hoy cuelgo las imágenes que nos proyectó Monferrer y en otra entrada colgaré las que hice en la visita por la zona.




Foto reciente. Así está el interior del bloque Venus, a donde Monferrer no se atrevió a llevarnos.

Los consumidores de droga llegan, principalmente, de Barcelona. De hecho, a los adscritos al culto los patriarcas no les dicen nada sobre que comercien con la droga, pero sí les insisten para que no consuman ellos mismos ni vendan a los de su comunidad.
 

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