Alguna vez ya lo escribí por aquí. El barrio del Pou de la Figuereta, con sus calles laberínticas y en ocasiones sin salida, era todo un mundo. En una ocasión, poco tiempo antes de su destrucción, Martí Rom filmó por él a Josep Maria Carandell, gran conocedor del sitio, del que había hablado en su "Guía secreta de Barcelona". Yo le acompañaba, y recuerdo que un vecino del barrio casi nos mata a los tres y al cámara, creyendo que éramos de la televisión, que íbamos ahí "oliendo el cadáver, cuando nunca antes se habían interesado lo más mínimo por él".
El caso es que, con todo el follón por el medio del "Forat de la Vergonya", el plan se llevó a cabo, y cayeron bajo la pileta del orden del 80% de sus edificios. En su lugar -y eso fue una triste novedad en la Barcelona democrática- se construyó todo un barrio de vivienda social que no tenía nada que ver con el tejido urbano previo, y sobre todo con unos materiales muy deficientes.
Esta mañana he cruzado por ahí, y viendo el estado de este edificio, que es de los que más se salen por su forma de lo anodino standard, uno parece confirmar eso de los materiales justillos, y se pregunta si para obtener estos resultados había sido razonable aplicar toda esa destrucción.

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