Pero si realmente hay un motivo por el que la gente sube hasta el Turó de la Rovira, y cada vez en mayor número, es por contemplar desde ahí Barcelona. Se ve que hasta se ha popularizado una versión nocturna de la visita.
Desde la plaza donde deja el autobús para subir hacia el Turó de la Rovira. Al fondo, Badalona y el Maresme.
Vistas durante la ascensión a la colina.
Ya convertida en un sitio de moda.
Selfies y fotos de familia, con la línea de costa de Barcelona al fondo.
Una imagen siempre con los mismos protagonistas, pero que varía mucho con esa u otra nube.
Desde el Turó no se puede ver en sus 360 grados Barcelona, pero por poco. El Carmelo lo impide por el sur-suroeste. Aquí, madre e hija intentando situarse por los Nou Barris.
Desde la cima, mirando al norte.
El parque de antenas que ocupan la elevación. Al fondo, las torres de Barcelona Mar.
Mirando al norte desde las plantas de las antiguas barracas.
Para situarse en esa primera fila, se han saltado esa barandilla que ha puesto el ayuntamiento para intentar dejar de pagar una indemnización como la que tuvieron que dar a un chico que se cayó abajo, y se deterioró bastante. Pero no hay quien los pare.










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