miércoles, 5 de octubre de 2016

Barbería


Hay cosas recurrentes. Hice esta misma foto, o muy parecida, hace un tiempo, y la colgué por aquí. Posiblemente, si siga existiendo el sitio, yo esté por aquí y se den las mismas circunstancias, vuelva a hacer todo eso en una ocasión futura. Bajé del autobús, de regreso ayer a casa. En cinco minutos sería ya noche cerrada (aquí A. de Moragas se sorprendería y del imposible calificativo dado comúnmente a la noche en esos sus primeros -mejor segundos- momentos, y reflexionaría sobre ello). Ya la luz de dentro de la barbería es superior a la exterior, y la vista se te va hacia las figuras y formas de ese interior. Cruzo por el paso de peatones la calle y, cuando estoy casi en la otra acera me digo que qué caray, que es el momento. Giro sobre mí mismo, saco la tableta de la cartera, la pongo en marcha, avanzo un poco y, controlando que tenga tiempo antes que los coches arranquen y me atropellen, disparo.

El semáforo verde aún me permitió alcanzar de nuevo la acera opuesta. 

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