El casco antiguo de Barcelona ya casi ha sucumbido. La marabunta está subiendo de forma acelerada por la calle Enric Granados, ya repleta de terrazas de restaurantes. La mercería Rosell es una de las pocas supervivientes del viejo tejido comercial. No deben tener unas cuentas muy holgadas, pese a que somos clientes. Llegó a tener una sucursal, Rosell 2, unas manzanas más hacia Tarragona, que cerró hará un año, cuando murió el Sr. Rosell. Ahora supongo que el día menos pensado a la familia, ya concentrada en el local madre, les llegará alguien con un fajo de billetes y a partir de entonces se deberá ir a una tienda no familiar para comprar artículos de mercería. Apuesto a que en el cotizado chaflán aparecerá un bar que servirá comidas de moda.
viernes, 1 de agosto de 2014
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