Es verdad que es imprescindible utilizar los establecimientos tradicionales, comprar en ellos en vez de en franquicias y en otros más “industriales”, para hacer posible su supervivencia Y yo no he ido a El Caballito Blanco en unos 30 años…
Lo tengo asociado, precisamente, al Quiles, vía el Jefe Administrativo, de grato recuerdo, de una fábrica asturiana que de vez en cuando venía a reuniones de trabajo con conmigo. Siempre explicaba que en sus estancias en Barcelona no podía faltar una visita al Quilez, donde los empleados ya lo conocían y le reservaban una longaniza (él la llamaba así, y nunca pude descubrir a qué producto en concreto se refería con ello), y una cena a base de pescado en “El Caballito Blanco”.
El otro día pasé por ahí, me acerqué a mirar un poco el local y su carta y, aparentemente, todo sigue más o menos igual que entonces. Habrá que comprobar si sigue siendo uno de los sitios de Barcelona en el los que se puede comer pescado.

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