Ayer, al pasar por la Plaza Real de Barcelona, vi que estaba abierto el Pasaje Bacardi, uno de esos de la época esplendorosa del hierro (como el hermoso Pasaje Gutiérrez de Valladolid) que, para evitar unas cuantas inmundicias y malos olores, lleva mucho tiempo tristemente cerrado (al menos fuera de horas).
Un portero o vigilante se pasea solitario por ahí, y en todo el tiempo que estuve observando rejas, balcones y relieves, no me crucé con nadie más, pese a que tiene a Ramblas y Plaza Real como puntos extremos. Por un pasaje glorioso que hay por esta ciudad, y tan céntrico, podría estar como los correspondientes de París, Londres o Bruselas, por picar alto, con alguna librería o tienda de estampas buena, ya por pedir. ¿Será que nuestras masas de turistas, los que nos han de dar de comer, no merecen confianza, y no se cree que se sientan atraídos por él, curioseen sus comercios y lo respeten?





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