Es el bar del Cercle Artístic de Sant Lluc, en Barcelona, ahora abierto al público y anunciado en el portal con un cartelón. Uno de esos retiros tranquilos en la vorágine del centro de la ciudad. La única pega es que, si se llena, los altos techos del salón no amortiguan demasiado bien las conversaciones, y hay un ruido general importante. Suerte con el momento escogido, pues.
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