Esta mañana hemos ido (y vuelto) andando desde casa a la Biblioteca Juan Marsé, en el Carmel. Una heroicidad de esas que haces porque no lo piensas bien previamente, porque la subida es de órdago. Sólo hemos empleado una escalera mecánica en un pequeño tramo, casi llegando al Santuari del Portell.
No iba a hacer fotos, pero al final he sacado la tableta alguna que otra vez, para fijar las curiosidades que señalo en cada pie de foto.
Tiene bemoles la cosa. Sólo entristecido al ver el enorme edificio que han incrustado en la esquina de Nuestra Sra del Coll con Maignon, no había leído el slogan que identifica a sus constructores o a lo que están haciendo, que no me queda claro: “Arquitectura y sostenibilidad”. A ver quien lo supera. Los vecinos de esa casita rosa de la esquina, por ejemplo, pueden considerarse afortunados. Cuando piensen que echan de menos el solecito de mañana de los días de invierno, no tienen más que reconfortarse pensando que al menos se lo tapa una mole sostenible.
Subiendo (el gradiente es bajo) Mare de Deu del Coll, ves alguna casa -torre, se le llama por aquí- antigua, que no guarda la alineación de la calle, ganada por un conjunto de anodinas fachadas y casas. Hundida entre dos medianeras, casi hemos llorado viendo su jardín-terraza de primer piso, el sol robado por las construcciones nuevas que la empaquetan. Sólo al llegar al final de la recta, cuando la calle inicia una cierta curva, hay indicios de que el barrio habría podido ser muy habitable. He sacado la tableta y he hecho esta foto, que ha salido muy mal y no deja ver nada.
En el descansillo del medio de la escalera mecánica de la calle Mora la Nova está la entrada a ésta casita con jardín. Incapaz de una toma única, he hecho la fotografía en dos tramos. En el primero, el jardín. A la derecha, un limonero. El trayecto de esta mañana nos ha dado a entender que estamos en plena época de limones.
El segundo tramo, tras panorámica hacia arriba, el ahogo entre dos enormes medianeras del jardín… y la casa, que no se ve por la oscuridad trasmitida.
Hemos subido mucho… pero para llegar a la Juan Marsé -cruzada esa calle, a la derecha, se distingue su terraza y edificio, que ahora recuerdo lo que gustó al escritor cuando se lo dedicaron- hemos tenido que bajar. Lo hemos hecho con el ascensor-cremallera de la calle Alguer. En eso sí que el Carmel ha mejorado un montón.




